Guerra Civil · 17 de junio de 2026
Tres frentes que decidieron el verano del 37
Un recorrido por los escenarios donde se libraron algunas de las batallas más duras de la ofensiva de Aragón.
En agosto de 1937, la ofensiva republicana sobre Aragón concentró su empuje en una franja del valle del Ebro. El objetivo era ambicioso: aliviar la presión sobre el norte y, de ser posible, alcanzar Zaragoza. Lo que siguió fueron semanas de combate casa por casa.
La batalla de Belchite
El pueblo, bajo control franquista, se convirtió en un símbolo. Durante dos semanas, las calles fueron escenario de una lucha encarnizada que dejó la localidad reducida a escombros.
Tras la guerra, el régimen decidió no reconstruir el pueblo viejo y levantar uno nuevo al lado, dejando las ruinas en pie como recuerdo.
Hoy, ese conjunto de ruinas es uno de los vestigios más elocuentes de la contienda.
Lo que queda en pie
De todo el caserío original, apenas resisten algunas estructuras: las iglesias de San Martín y San Agustín, los arcos de la Villa y de San Roque, y la Torre del Reloj. Cada una cuenta, a su manera, lo que pasó allí.